ALFABETIZACIÓN EN LA MONTAÑA

educación, igualdad, cooperación

Educación en el Mundo mayo 26, 2009

Hola, empezaremos con estos testimonios sustraídos de la página que nos mandó la compañera  Jessica. Espero sigan participando, gracias.

Considero que si bien la educación debe ser para todas y todos, no puede ser para sostener a un sistema que ha demostrado no ser eficaz para toda la raza humana.

Vidas reales del sitio campaing for education

Sofia de Tanzania

Me llamo Sofía y soy de Tanzania. Tengo 13 años y mi familia se compone de siete miembros.

Me gustaría ir a la escuela y llevar uniforme como las otras niñas. Sé que si algún día voy a la escuela, podré conseguir un buen trabajo y ganar dinero.

Antes solía cuidar de las ovejas y las cabras de mi padre, pero la mayoría ha muerto a causa de la sequía. Mi padre tiene una enfermedad grave y le han llevado a un hospital lejano para curarle; me gustaría poder ayudarle.

Ahora, ayudo a mi madre a vender frutas en el mercado y a hacer las tareas de la casa. Cuando mi madre se pone enferma, tengo que ir sola al mercado, ya que necesitamos dinero para comprar alimentos y otras cosas necesarias

Sofia

Sofia

La educación es posiblemente la mejor herramienta de la que disponemos para luchar contra la pobreza.  Si una persona consigue una formación, podrá ganar más dinero y ayudar más a su familia.

Nabirye de Uganda


“Mi nombre es Nabirye Oliver y tengo casi 9 años. Vivo con mis cuatro hermanas y mis dos hermanos en un pequeño pueblo al sudeste de Uganda. Nuestra casa no está todavía completamente construida; tiene dos habitaciones pequeñas y un corral que está a la espera de que lleguen las gallinas.

Nací ciega pero todas las mañanas me levanto y me visto sin ayuda de mi madre. Durante el día, le ayudo a lavar los platos y a traer agua.

Cuando vienen mis amigas, jugamos a saltar y al escondite, pero cuando van a la escuela me quedo sola con mi madre.

Nabirye

Nabirye

Cuando tenía seis años, fui a la escuela y aprendí a contar hasta cien sin fallos, pero mi familia no tenía bastante dinero para que siguiera yendo.

Me siento triste quedándome en casa cuando todas mis amigas se van”

Un tercio de todos los niños y niñas sin escolarizar tiene alguna discapacidad.  Sin educación, el ciclo de la discapacidad y la pobreza no podrá romperse.

Eduardo de Angola
Eduardo, de 12 años, va actualmente a la escuela, pero la mayor parte de su vida estuvo sin escolarizar, debido a la guerra desatada en el país.

“La mayor parte de mi vida no pude ir a la escuela debido a la guerra en Angola, pero he tenido suerte. ¡Por fin, estoy aprendiendo! Antes de vivir en este pueblo, mi familia y yo vivíamos en el bosque. Durante dos años, estuvimos huyendo, tratando de escapar de los soldados que nos perseguían. Una vez, tuvimos que escondernos en el río. No teníamos alimentos, ni refugio, ni mantas, ni tienda – nada. Ahora, voy a la escuela al aire libre, bajo los árboles. Estudiamos matemáticas y portugués. El sol me hace daño en los ojos y, cuando llueve, tenemos que irnos a casa o esperar a que escampe bajo las ramas. Es una pena que se nos mojen los cuadernos.

LAlo

LAlo

Cuando termine la escuela, me gustaría ser maestro o conductor. Me gustaría poder llevar a mis padres a su pueblo natal.”

Más de la mitad de todos los niños sin escolarizar vive en zonas afectadas por la guerra y los conflictos.  La educación puede aportar protección y estabilidad, además de la posibilidad de comenzar a construir una sociedad más pacífica y próspera.

Sakina de Nigeria

Sakina de doce años vive en el noroeste de Nigeria, donde en algunos lugares únicamente 1 de cada 3 niñas está escolarizada y muchas niñas abandonan los estudios debido a la gran pobreza y a las creencias culturales.

“Solía ir a la escuela primaria aquí en Tudun Kose, pero ya soy demasiado mayor y mi familia no tiene suficiente dinero para enviarme a la escuela secundaria, que está muy lejos. También, me están preparando para casarse pronto. Hay algunos muchachos que le han preguntado a mi padre si pueden casarse conmigo, pero todavía no hay nada decidido. Me paso el día trayendo agua y machacando mijo para tener grano con el que preparar la comida. Cuando veo que otras muchachas van a la escuela occidental, me siento feliz por ellas y las admiro. Un día las seguí hasta la escuela pero el maestro me dijo que era demasiado mayor y tuve que irme.”

Las niñas representan el 60% de todos los menores sin escolarizar.  La educación salva vidas al aportar confianza y poder a las mujeres, que pueden tomar mejores decisiones para ellas y sus hijos.

Raheem de India


“Me llamo Raheem ¡pero mi jefe me llama Jerry! Tengo 8 años y vivo en Hyderabad, en India. Vivo con mi familia. Vivimos en una habitación en un bloque atestado de gente. Mi madre me dice que soy travieso, porque a veces tiro a mis hermanos de la silla. ¡Es verdad, pero también hago lo que me dicen!

Cuando tenía seis años tuve que dejar los estudios y trabajar en una tienda de ropa para ayudar a mi familia a comprar alimentos. Sentía que me estaba perdiendo algo cuando veía que todos los demás niños iban a la escuela.

Entonces, mi madre se enteró de un proyecto local que ayuda los niños trabajadores como yo a regresar a la escuela. Te dan los libros y el uniforme y vas a clase para intentar recuperar lo que has pedido. ¡Ahora, voy otra vez a la escuela por las mañanas! No tengo que trabajar todo el día y juego al críquet.

Es duro trabajar todas las tardes y, a veces, me canso mucho, pero gano 5-10 rupias [alrededor de 10 peniques] al día, que sirven para ayudar a mi familia. A veces, cuando tengo unas rupias para gastar, juego a los videojuegos en el centro comercial”


En el mundo, casi 250 millones de niños y niñas tienen que trabajar para ayudar a sus familias. No tienen opción de ir a la escuela, hacer deporte o conocer amigos.

Mahder de Etiopía


“Me llamo Mahder. Tengo 12 años y me gusta correr, jugar a voleibol y ver el programa Pop Idol. Mi padre era sastre, pero falleció hace algunos años. Cuando vivía, yo podía ir a la escuela y siempre tenía suficiente para comer. Lo pasé muy mal cuando murió. Fui a la escuela durante un mes y, cuando nos quedamos sin dinero, tuve que dejar de ir. Cuando mis amigas iban a la escuela, me pasaba el día llorando. Aparte de releer viejos libros de texto y ayudar a mi madre, no hacía mucho más. Me sentía frustrada y enfadada.

Mi madre tiene que trabajar día y noche para poder sacarnos adelante.  Tiene muchos trabajos; clasifica granos de café, carga con ladrillos pesados en la obra y a veces trabaja como limpiadora. A menudo está cansada.

Mi hermano pequeño Nathaniel, que tiene 6 años, está muy enfermo. Ayudo a mi madre a cuidarlo. Me pongo triste cuando le limpiamos las llagas porque sufre mucho. Está demasiado enfermo para ir a la escuela, así que le enseño a leer y escribir. Me parece injusto que en este país no tengan todos los niños la oportunidad de ir a la escuela”


Millones de niños y niñas se ven obligados a dejar de estudiar, a menudo debido a la pobreza, antes de conseguir una educación básica.

Tobias de Zambia

“Mi nombre es Tobias. Fue mi tío el que me influyó para convertirme en maestro. Cuando era niño, solía sentarme a observar cómo leía y, con el tiempo, adquirí un gran interés en aprender.

He dado clases en Zambia durante 17 años. Durante este tiempo, muchas cosas han ido a peor. Cada vez vienen más niños a la escuela, pero los maestros somos cada vez menos y tenemos menos apoyo.

Damos clase en aulas de 70 alumnos, tenemos que revisar todos los cuadernos y evaluar el trabajo de los alumnos. No es fácil. A menudo no recibimos el salario a tiempo, que puede tardar hasta 45 días, y sin embargo tenemos que seguir pagando el alquiler y mantener a nuestras familias. Muchos de mis compañeros tienen problemas, ya que algunos miembros de su familia han fallecido por causa de alguna de las numerosas enfermedades del país. En la escuela, también cuidamos de niños que se han quedado huérfanos”


El problema de la carencia de maestros se ha empeorado por la falta de recursos y la falta de previsibilidad de la ayuda.  En 2015, serán necesarios 18 millones de maestros adicionales para que todas las personas puedan acceder a la educación.

Pedro de Guatemala
“Mi nombre es Pedro. Vivo en Guatemala, en un campo de refugiados que se llama El Triunfo. Nací aquí. Hasta hace unos años, la gente luchaba en una guerra muy sangrienta. En aquellos tiempos, la vida en el pueblo donde vivía mi familia era muy peligrosa y tuvieron que refugiarse en este campo buscando seguridad. Me contaron que, después de abandonar el pueblo, su casa, la escuela y todo el pueblo fueron destruidos.

Aunque el campo no es como un pueblo, hacemos todo lo posible por convertirlo en un lugar adecuado para vivir. Por la mañana, ayudo a mi madre a hacer las tortillas y luego ayudo a mi padre a cuidar de los animales. Lo mejor es que, por las tardes, voy a la escuela. Durante mucho tiempo, no hubo ninguna escuela pero ahora podemos ir todos los días. Para mí, es muy importante porque de mayor quiero ser doctor, para poder atender a las personas con las que vivimos.”

Pedro es uno de los 25 millones de niños y niñas actualmente desarraigados de sus hogares.

Barun de Bangladesh
Barun tiene ocho años y cursa el tercer año de primaria en el distrito de Khagrachari, en Bangladesh. Pertenece a la comunidad indígena Tripura, cuyo idioma es el kokborok. Cuando empezó a ir a la escuela, Barun no entendía las lecciones ni los libros, porque no conocía el idioma bengalí. En su hogar, únicamente se hablaba kokborok y nunca había estado en contacto con el idioma nacional, el bengalí. Su maestro no podía hablarle en su idioma ni tampoco le entendía.

Después de tres años de escolarización, Barun sigue sin entender o hablar bien bengalí.
Cuando no entiende al maestro, responde que no conoce la respuesta. Por esta razón, a menudo recibe un tirón de orejas. Barun dice, “Iría siempre a la escuela y me divertiría en las clases si el maestro enseñara en kokborok”.

En el mundo, la mitad de los niños y niñas sin escolarizar vive en comunidades donde el idioma utilizado en la escuela es diferente al que se habla en sus hogares. Se trata de una enorme barrera para el aprendizaje.

texto extraído de la pág. sin fines de lucro

 

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