ALFABETIZACIÓN EN LA MONTAÑA

educación, igualdad, cooperación

INDÍGENAS DENUNCIAN… mayo 25, 2009

Filed under: 1 — sergioulises @ 6:37 pm

Piden intermediación de la ONU


Indígenas denuncian violación de sus derechos


CDI cierra espacios de diálogo

Genaro Bautista / AIPIN

Indígenas y afromexicanos del estado de Guerrero, denunciaron ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en México, la grave, sistemática y reiterada violación de sus derechos individuales y colectivos por parte de Felipe Calderón Hinojosa y Zeferino Torreblanca, titulares de los gobiernos federal y estatal de Guerrero, respectivamente, ante lo que piden la intermediación de la máximo instancia internacional.

Agrupados en su mayoría en la Convención Estatal Indígena y Afromexicana (CEIA), los demandantes, expusieron que México desconoce el derecho que tienen a la consulta bajo el consentimiento previo, libre e informado.

Lo anterior, señalan al imponérseles en Guerrero, a Gonzalo Ramón Solís Cervantes, como delegado de la oficial Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), en sustitución del nahua Guillermo Alvarez Nicanor.

Su queja, apuntan, obedece a que no fueron consultados en el nombramiento de funcionario tal como aconteció con Alvarez Nicanor, quien fue designado en el cargo el 11 de octubre en acuerdo entre la Dirección General de la CDI y la CEIA.

Los indígenas guerrerense enfatizan su derecho a la libre determinación expresada en el ejercicio de la autonomía para participar plenamente en la construcción de su propio desarrollo, respetando y valorando “la enseñanza de nuestros ancestros para con el territorio y los recursos naturales, lo tangible e intangible de nuestra madre tierra”.

Sin otra opción, la CEIA, decide trasladarse este 22 de junio, de esa entidad al sur del país hacia la capital mexicana a fin de hacer valer sus derechos.

Como parte de sus acciones, definen instalarse en la CDI Nacional para ser escuchados y recibir respuesta a las demandas planteadas. Acuerdan acudir de manera paralela a la representación de la ONU así como de la Organización del Trabajo (OIT) y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

En ambas protestas, denuncian al presidente Felipe Calderón, por la violación de los instrumentos internacionales sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y la discriminación de que son objeto.

Pero la CDI es determinante, no hay marcha atrás y háganle como quieran, afirma Julio de la Mora, Coordinador de Delegaciones de la institución.

Ante ello, los indígenas piden a las Naciones Unidas servir de intermediación ante el gobierno federal para además garantizar el respeto irrestricto a la libre determinación y el ejercicio de la autonomía como pueblos indígenas y el respeto al derecho de consulta en todos los niveles de decisiones que les atañen.

La Convención Estatal Indígena y Afromexicana (CEIA), es un espacio organizativo de los cinco Pueblos Originarios de Guerrero, compuesto por afromexicanos, Nauas, Na Savi, Me’phaa y ñomndaa.

El 21 de mayo, la CDI decide destituir al delegado emanado de la CEIA. De manera inmediata la CEIA pidió explicaciones pero la dependencia se abstuvo de responder.

A partir de esa fecha, los inconformes se reagruparon y empezaron a exigir a la CDI, reconsiderar en su decisión.

El día 28 de mayo sostienen una reunión con representantes de las oficinas centrales de la CDI, pero los funcionarios rechazaron firmar una minuta de acuerdos.

La queja obtuvo el 4 de junio de un exhorto del Congreso Local del estado de Guerrero, quienes piden al presidente Felipe Calderón establecer una mesa de diálogo y negociación a fin de iniciar un proceso de consulta para la elección del nuevo delegado estatal de la CDI.

Hasta el momento, Calderón a desoído la recomendación de los diputados guerrerenses, desacatando el punto de acuerdo legislativo.

Si no se quitan, están violando la ley: Gobernación

A las siete de la mañana, del 23 de junio, un contingente de indígenas guerrerenses se instalaron en la entrada del edificio de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI)

Informaron que nadie podría entrar y si salir del inmueble.

De inmediato las fuerzas de seguridad federal llegaron para establecer contacto con los quejosos

Los enlaces de la Secretaría de Gobernación, señalaron que los indígenas violaban la ley y que serían replegados a fin de que el acceso fuera reabierto.

Hasta la mañana de este martes 23 nada había ocurrido y la Policía Federal, puso una valla en una puerta de la dependencia por donde ingresaban elementos de seguridad y mandos medios de la CDI.

En una conferencia de prensa, citada por la Convención Estatal Indígena y Afromexicana (CEIA), los guerrerenses revelaban el hostigamiento, la provocación y el connato de violencia que estuvo a punto de desatarse la mañana de este 23 con la policía.

Cerrazón Política

Marthá Sánchez Nestor, amuzga de Xochixtlahuaca y Bruno Plácido Te Savi (Mixteco) de la Montaña de Guerrero, denunciaron la cerrazón política de la CDI.

A su salida del diálogo con funcionarios medios de la dependencia entre ellos Julio de la Mora, Coordinador de Delegaciones de la CDI, Martha Sánchez enfatizó que el gobierno de Felipe Calderón, quiere exterminar a los pueblos indígenas de México.

La actual administración, apuntan, aplica una política partidista panista que se niega a reconocer los derechos políticos y libertades fundamentales de los pueblos indígenas.

Ante esta postura, decidieron instalar una huelga de hambre a fin de ser escuchados y lograr que el director general de la CDI, Luis H. Alvarez, los reciba.

La huelga de hambre la instalarán en las oficinas centrales de la CDI en la ciudad de México, lo mismo que a las afueras de la representación de las Naciones Unidas.

Martha Sánchez reiteró que lo único que piden al gobierno federal, es el derecho que tienen a la consulta, el cambio de la política dirigida hacia los pueblos indígenas del Estado mexicano y que las instituciones dejen de convertirse en empresas de libre mercado, además del cumplimiento del Convenio 169 de la OIT.

Bruno Plácido, abundó sobre la discriminación de que son objeto, las injusticias y la imposición gubernamental en Guerrero, y cuestionó a Xavier Abreu, segundo al mando en la CDI, quien se encuentra de vacaciones en España, en lugar de atender las demandas indígenas.

Bruno manifestó su indignación ante la intransigencia de la dependencia federal quien amenaza con aplicar la política del garrotazo contra los indígenas que se encuentran en plantón.

A estas protestas se han sumado los representantes de Guerrero del Consejo Consultivo de la CDI, quienes expresan su alarma porque la institución con su actitud pone en riesgo el Plan de Desarrollo de los Pueblos Indígenas de esa entidad sureña.

Seguramente quieren que pase lo mismo que en Bagua, la amazonía del Perú, donde el pasado 5 de junio el gobierno de Alán García masacró a los indígenas. Que lo hagan, sentenció la experta indígena del pueblo amuzgo de Xochixtlahuaca, Guerrero, Martha Sánchez Nestor

***********************************************

Esclavos de los cárteles  *El Universal

Thelma Gómez Durán
El Universal

Lunes 25 de mayo de 2009
politica@eluniversal.com.mx
Un par de platos desechables cuelgan de los delgados mecates a manera de platillos de una balanza que usa corcholatas como pesas. El rústico instrumento permite a Luz, indígena tlapaneca de 42 años, pesar lo obtenido tras el raspado de cada cápsula de las amapolas que cultivó durante tres meses. Al producto de esta actividad clandestina le llaman “maíz bola” en los pueblos recónditos de la Montaña Alta de Guerrero. En realidad, se trata de la goma de opio que acabará en las calles en forma de heroína.

“Cada corcholata pesa dos gramos”, detalla Luz. Mientras charla, cinco corcholatas logran el equilibrio en la rústica balanza, pues obtuvo 10 gramos de goma. Esta indígena, madre de cuatro mujeres y habitante de una de las comunidades más pobres del país, recibe del intermediario entre 15 y 18 pesos por gramo, nunca más. Ignora que en el mercado menudista de la droga en el Distrito Federal medio gramo de heroína cuesta entre 350 y 700 pesos, dependiendo su pureza.

Familias indígenas que habitan la Montaña de Guerrero sobreviven, en parte, de la siembra de amapola y la venta del “maíz bola”. Aquí no relucen esos camionetones ni los hombres con botas o pesadas esclavas de oro, parte de la parafernalia que la cultura popular considera símbolos de la opulencia del narcotráfico. Lo que se ve son niños descalzos llevando bultos de leña a cuestas, mujeres cabizbajas y hombres de huaraches que miran recelosos a los fuereños.

—¿Por qué siembra amapola?

—No hay trabajo… Cuando no hay dinero, las niñas se van a ofrecer guajolotes, gallinas. A veces vendo maíz, frijol. De esto (la amapola) saco poquito, para el pasaje, para ir a Tlapa, para comer.

Las paradojas de la Montaña

El antropólogo Abel Barrera, quien conoce como pocos la zona y desde hace 14 años dirige el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, dice que “aquí, para sobrevivir, la gente tiene que migrar o sembrar amapola, no hay más”.

La Montaña Alta se distingue en el mapa porque 10 de sus 19 municipios tienen un alto grado de marginación. A su vez, Guerrero destaca porque, según la Procuraduría General de la República (PGR), ocupa el primer lugar nacional en la siembra de amapola. “Es un territorio de paradojas”, señala Abel Barrera.

La década de los 70, expone, fue un momento de cambio. Además de sufrir una fuerte militarización bajo el argumento de combatir a la guerrilla, en la región se desplomó la productividad agrícola y proliferó la siembra de mariguana y amapola, al tiempo que la migración tomó fuerza.

Sobre cómo llegó la amapola, el antropólogo cree que “los jornaleros que migraron a estados como Sinaloa, donde son utilizados como mano de obra barata, tuvieron contacto con la siembra de enervantes”.

Sin embargo, “al final, ellos no han tenido ningún beneficio”, son “los nuevos esclavos del narcotráfico”. Sembrar droga no les ha significado mejorar su nivel de vida, “al contrario, están en mayor riesgo, con más conflictos y criminalizados… Aquí la migración no ha resuelto la pobreza, tampoco lo ha hecho la siembra de enervantes… Sucede lo que siempre con los campesinos: ponen todo su trabajo y lo único que sacan es para comer tortilla con sal”.

Silencios y olvidos

En México, alrededor de 50 mil indígenas de 60 comunidades intervienen en la siembra de drogas, dijo Xavier Abreu Sierra, titular de la Unidad de Coordinación y Enlace de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, durante una conferencia de prensa en Querétaro, el 11 de marzo anterior. La Unidad de Investigación de EL UNIVERSAL le solicitó una entrevista para conocer el fundamento de sus datos. Roberto Pinelo, su secretario particular, respondió que “el narcotráfico no es un tema que competa a la comisión. Y no se hablará del tema”.

Pero en Querétaro, Abreu Sierra sí lo hizo. Según información periodística, aseguró que la mayoría de los indígenas que “voluntariamente” se incorporan a estas actividades habita comunidades de Guerrero y Michoacán. Hay cifras que conviene tener presentes. De acuerdo con el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, en Guerrero 70% de la población indígena carece de ingresos suficientes para comprar la canasta básica de alimentos, cubrir gastos de salud, vivienda o vestido, es decir, viven en “pobreza de patrimonio”, como lo denominan los expertos. En Michoacán es 54.5% de dicha población.

En Los Pueblos indígenas de México, editado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en 2008, el investigador Federico Navarrete Linares escribe que regiones como la sierra Tarahumara, en Chihuahua, y la Montaña de Guerrero “han sido invadidas por el narcotráfico que recluta, en muchos casos, por la fuerza a los indígenas o los orilla a refugiarse en zonas cada vez más agrestes y aisladas para escapara a la violencia”.

Y retrata esta realidad: 45 de cada 100 indígenas ocupados en el sector primario no reciben salario, manteniéndose de lo que producen o intercambian, mientras que 34 de cada 100 perciben menos de un salario mínimo.

Luz comenzó a sembrar amapola hace tres años. “Siembro poquito… quiero hacer una casita de material, pero no alcanza el dinero. Por aquí casi todos siembran… la gente pobre eso hace. ¿Qué va a hacer uno si no hay dinero?”. Su primera semilla la consiguió en un trueque, algo común en la Montaña. “Unos señores me compraron cerveza; me pagaron con semilla”.

Para aprender a sembrarla se contrató como peón. “Me fijaba cómo sembrar, cómo tirar la semilla, cómo deshojar. Tienes que ir con cuidado, porque ahí te resbalas, es la barranca. Ahí iban mujeres, hombres, muchachos de 12 años. Cuando vas de peón, pagan 50 pesos por día”.

Vienen los guachos

Llegar a la casa de Luz no es sencillo. De Tlapa de Comonfort (Guerrero), la ciudad más cercana, se sigue una de las carreteras maltrechas que conduce hacia los rincones de la Montaña Alta. Entre los cerros pelones se miran caseríos y una que otra cosecha de maíz. Hay temporadas, sobre todo entre febrero y marzo, en las que el panorama aparece salpicado de manchones rojizos. Son los cultivos de amapola.

Los guachos —como llaman los indígenas a los soldados— dejaron esta zona de la Montaña hace tres días. “Estuvieron como un mes… Cuando vinieron, que me escapo; me fui con mi primo, allá en otro pueblo… Cortaron todo. Ésta que tengo es la que salió primero”, recuerda Luz.

A unos pasos de su casa, está la barranca donde siembra amapola, sobre una superficie irregular de unos 15 metros cuadrados.

Abel Barrera, de la organización Tlachinollan, señala que la siembra de droga en las comunidades indígenas ha sido un pretexto para militarizar estas regiones, consideradas focos rojos por la existencia de guerrilla. “¿Cómo es que el Ejército tiene una fuerte presencia en la zona e informa que destruye sembradíos, pero continua la siembra y la pobreza?”.

—¿No le da miedo que vengan los guachos y se la lleven? —Luz sonríe.

—Sí, pues. A un muchacho se lo llevaron. Se fue tres años al bote. Ahora ya regresó y no siembra. Se espantó. A lo mejor sí siembra, pero poquito… Dicen que los guachos paran a la gente, le dicen, ‘¿Pa’ qué siembras?‘ Cuando la gente sabe hablar español, responde, ‘Pues pa’ comer… si no estoy robando, estoy trabajando‘. A mí nunca me han cachado.

Aún más aislados

En las cárceles del país hay 598 indígenas condenados por delitos contra la salud, cumpliendo penas que van de 10 a 25 años. La mayoría (209) fueron procesados por transportar droga, sobre todo mariguana; 31 por sembrar mariguana, y dos amapola. Estos últimos son de Chiapas, entidad que ocupa el primer lugar en número de indígenas presos (218), seguido de Oaxaca, Chihuahua, Guerrero, Sonora, Nayarit y Durango, según información de la Unidad Especializada para la Atención de Asuntos Indígenas de la Procuraduría General de la República.

En enero pasado, después de que la Armada de México anunció la detención de nahuas originarios de Aquila (Michoacán) acusados de transportar cocaína, Miguel Catalán Velásquez, de las Organizaciones para el Desarrollo Forestal Sustentable, dijo que “en la sierra no hay ningún trabajo, es por ello que pedimos impulsar proyectos productivos, sobre todo en la parte alta, donde no llegan funcionarios ni servicios”.

Humberto Baltazar lleva más de cinco años recorriendo zonas indígenas del país. Asesorar proyectos productivos en comunidades rurales le ha permitido saber que en regiones indígenas de Sinaloa, Oaxaca y la costa de Michoacán siembran mariguana, en tanto que la sierra Cora, en Nayarit, produce además amapola.

Dice que “estas comunidades quedan aún más aisladas por el narcotráfico”.

Sucede que cuando una comunidad o región indígenas (que ya de por sí se hallan en zonas de difícil acceso) son identificadas por sembrar droga, “las mismas instituciones de gobierno comienzan a dejarlas más aisladas; ya no entran a dar servicios básicos. Los maestros, los doctores, no quieren ir a esos lugares. No hay políticas públicas en esas regiones”. Dejan de llegar también los fideicomisos para apoyar el desarrollo agrícola, completa.

Las manos negras

Luz extiende un paliacate sobre el piso de tierra de su vivienda de adobe con techos de lámina, y deposita la semilla de amapola que ya limpió. “Cuando necesito dinero vendo la semilla a la gente de aquí, a los que siembran”. Una jarra de un litro, llena de semilla, se vende en 200 pesos. También comercia con ollas en el mercado de la ciudad, siembra un poco de maíz (para autoconsumo) y cría pollos. Hace cuatro años se separó de su esposo, algo que muy pocas indígenas consiguen.

Pide a su hija María, de 13 años, que saque el “chapulín”. La niña le entrega un trozo de madera con una punta filosa: es el “rayador” con el que cortan la cápsula de la amapola y extraer la savia.

“A veces le ayudamos a rayar”, platica la adolescente, quien cursa el primer año de secundaria. En la Montaña Alta es común que mujeres, hombres y niños participen en la cosecha del “maíz bola”. El aspecto de sus manos los delatan: la goma ennegrece los dedos.

Xóchitl Gálvez Ruiz dice que recorrió la Montaña de Guerrero siendo titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y que ellos ocupan el eslabón “mal pagado y más expuesto” en la cadena del narcotráfico. “Los indígenas son víctimas del narcotráfico. El Estado mexicano ha fallado. Han sido décadas y décadas de abandono al campo. Ahora ese abandono se está pagando caro”.

—¿Quiénes le compran la goma? –se le pregunta a Luz.

—Unos señores que vienen de otros pueblos. Ellos vienen buscando si hay goma. Cada tres meses vienen y preguntan, ‘¿Tiene guaji’a?

—¿Guaji’a?

—Así le decimos aquí —entre los tlapanecos— a la goma. Así no se enteran los guachos… Cuando vienen a comprarla, los hombres preguntan casa por casa, pero sin hacer mucho ruido.

Les dejo el link del video

http://www.eluniversal.com.mx/noticias.html

se reproduce este artículo con mero fin informativo sin afán de lucro.

 

REANUDACIÓN DE ACTIVIDADES mayo 10, 2009

Filed under: 1 — sergioulises @ 3:47 pm

Estimad@s Universitari@s

La plática de Juan Mario Pérez del Programa México Nación Multicultural con el tema La Zona de la Montaña de Guerrero, la cual se realizaría el viernes 8 de mayo de 10 a 14 hrs. será reprogramada hasta nuevo aviso, por la reanudación propia de sus actividades y la limpieza de su auditorio.

La sesión pendiente de actividades recreativas programada por la DGADYR, se llevará a cabo el próximo lunes 11 de mayo a partir de las 10:30 y hasta las 14:30 hrs. en el aula Peraj.

Cabe señalar que la mayoría de las actividades se llevarán a cabo al aire libre.

Los esperamos con mucho gusto de vernos nuevamente con un rico cafecito para reencontrarnos y continuar.

ATTE DGOSE

 

VER OIR Y CALLAR mayo 7, 2009

Filed under: 1 — sergioulises @ 4:51 pm

Ahora no sé hasta cuando vayamos a ir, no vayan a decir que tenemos ese invisible virus chorizo, digo porcino. En otros asuntos, ayer un señor que se encontraba en el puesto donde estaba le dijo a otro *No y si viera en Tlapa de Comonfort, allí todos son maestros, cuando estuve poniendo cable, vi varias cosas, en el río Cuale, donde hay comercio llegaban en sus camionetas con un chivo y unos costales de semilla y se llevaban a alguna niña, haciéndole firmar a los padres un documento.

A mi me decían que me callara y no dijera nada porque allá no cuesta nada matar a alguien, lo avientan al cerro y ¿quién lo va a buscar?

Le dije que iría para allá y me dijo que no me metiera en problemas, ustedes que creen que pensarían si vieran esos casos?

 

Ya votaron en la encuesta? abril 17, 2009

Filed under: 1 — sergioulises @ 3:43 pm

Hola en el blog hay una encuesta sobre qué método de alfabetización les parece mejor. ojalá puedan votar y participar en el sitio

 

Mujeres de Metlatónoc (video) abril 15, 2009

Filed under: 1 — sergioulises @ 4:57 pm
 

Punky mountain party! abril 13, 2009

Filed under: 1 — sergioulises @ 4:06 pm
foto: Federico Gama

foto: Federico Gama

Un indígena punk en la montaña de guerrero

De Tlapa a Nueva York: sincretismo y búsqueda de identidad de un joven migrante

Yenisey RODRÍGUEZ CABRERA

07 / 2005

El estado de Guerrero está ubicado al sur de la República Mexicana, sobre el Océano Pacífico. Posee terrenos muy accidentados porque está atravesado por la Sierra Madre del sur, la cual se caracteriza por tener una altura casi constante de 2 mil metros aunque cuenta con algunos picos que sobrepasan los 3 mil metros. Tradicionalmente se ha denominado “Sierra” al sector occidental de la Sierra Madre y “Montaña” al sector oriental pero de acuerdo a los criterios de regionalización que se basan en las características geográficas, económicas y sociales, el estado de Guerrero está dividido en siete regiones: La Tierra Caliente, la Zona Norte, la Zona Centro, la Costa Chica, la Costa Grande, Acapulco y La Montaña.

A diferencia de las otras regiones del estado, la región de La Montaña tiene la particularidad de concentrar tres de los cuatro grupos indígenas que viven en la entidad: los nahuas, los mixtecos y los tlapanecos, por lo que más de la mitad de la población es indígena. El 90% de los habitantes de esta región se concentran en el área rural y se dedican a labores agrícolas en terrenos cerriles, de escasos rendimientos y baja productividad. Sus condiciones de vida son conocidas en el ámbito nacional e internacional por presentar los niveles más bajos de desarrollo y marginación. Además, La Montaña de Guerrero posee los índices más bajos de ingresos económicos y el índice más alto de alcoholismo en el país. Ahí la desnutrición es creciente y las malas condiciones de higiene y salubridad abonan a las muertes infantiles y a la sempiterna presencia de enfermedades respiratorias y del estómago.

Con el paso de los años y la ausencia de oportunidades de trabajo bien remunerado, la región de La Montaña de Guerrero se ha convertido en una importante expulsora de mano de obra que se va, en menor medida, a otros estados de la República y en mayor número, a los Estados Unidos, sobre todo a la ciudad de Nueva York donde los guerrerenses encuentran trabajo en restaurantes, construcciones y bares, especialmente. A diferencia de otras regiones de México donde la mayoría de los emigrantes son varones jóvenes, La Montaña expulsa mujeres que encuentran trabajo de niñeras principalmente en Nueva York pero también en Los Ángeles.

En el corazón de La Montaña se encuentra la ciudad de Tlapa de Comonfort, donde viven cerca de 35 mil habitantes, muchos de los cuales nacieron en poblaciones aledañas. Si algo caracteriza a esta ciudad es que, en pleno siglo XXI y después del trastocamiento en la concepción de lo indígena que trajo el levantamiento indígena de 1994 en el estado de Chiapas, existe un racismo exacerbado hacia los habitantes originales. En esta ciudad vive Roberto Pérez, indígena mixteco-tlapaneco originario de Metlatónoc, pequeña localidad ubicada hacia el poniente de Tlapa y a la que se puede llegar después de tres horas de camino no pavimentado. Nacido dentro de una familia de nueve hermanos, Roberto se fue a vivir solo a Tlapa desde los ocho años, cuando estuvo listo para trabajar. Sus padres acordaron con los dueños de una casa del Barrio del Peligro que su hijo trabajara haciendo labores menores a cambio de que le proporcionaran un raquítico sueldo, los útiles para su escuela y la comida diaria. Cabe mencionar que el Barrio del Peligro se llama así debido a su cercanía con un río cuya corriente crece durante la temporada de lluvias y que en varias ocasiones ha arrasado con casas enteras.

Roberto nunca fue “bueno” para la escuela y apenas pudo terminar la primaria a la edad de 16 años. Ni siquiera intentó cursar la secundaria. Tal como hicieron sus hermanos mayores, sus primos y sus amigos más cercanos, Roberto terminó trabajando para ahorrar lo suficiente con el fin de pagar a un “pollero” (traficante de emigrantes ilegales) su cruce a los Estados Unidos. El pollero le consiguió papeles falsos en la Ciudad de México, con los que pudo comprar un boleto de avión con destino a Houston, Texas. A diferencia de otros emigrantes, él no tuvo que cruzar el desierto o nadar a través del río para pasar al otro lado de la frontera. Tuvo la suerte de contar con un pollero muy profesional que tenía sus “conectes” (acuerdos deshonestos) con gente del aeropuerto de “Gringolandia” (Estados Unidos), que le permitió seguir su viaje hasta Nueva York. Como los ataques del 11 de septiembre 2001 a la Torres Gemelas no habían ocurrido aún, las autoridades “gringas” (norteamericanas) no eran tan estrictas. Roberto llegó a Nueva York y se acomodó en un apartamento de tres recámaras donde vivían otros diez amigos y familiares de La Montaña. En esto también tuvo suerte: no vivió, como otros emigrantes, en el hacinamiento. Consiguió trabajo de lavaplatos en Manhattan. Como no es casado, sólo le mandaba una parte de su sueldo a su madre y el resto lo gastaba en salir con sus amigos y ‘divertirse’.

La vida de este chico parecía ser similar a la de varios mexicanos que se van a Estados Unidos en busca de un mejor salario. Pero Roberto, además de ser indígena y emigrante, tiene otra característica que lo hace ser particular: Roberto es “punketo”. Pero aunque se declare seguidor del punk —no darketo y mucho menos rockero— este chico no tiene idea de la forma como nació este género musical considerado para algunos como un género de vida. Desconoce que se originó en Nueva York pero que sólo tuvo éxito hasta que se conoció en Londres. Tampoco sabe con certeza que el punk fue un movimiento de jóvenes blancos, no negros ni latinos, hijos de la clase trabajadora, que al carecer de empleo y rechazar la forma de vida de sus padres, optaron por la rebelión, el descontento, el rechazo frontal a la conformidad y un modo estridente y extravagante en la manera de vestir y de peinarse.

Ver a Roberto por las calles de Tlapa resulta contrastante: con temperaturas que alcanzan los 40ºC en la época de mayor calor y de 33 grados el resto del año, él va completamente vestido de negro, con delineador en los ojos y con el cabello teñido de azul y levantado con gel. A este punketo de menos de 1.60 m de estatura no le faltan los accesorios de piel ni los estoperoles. Ya está acostumbrado a que la gente se burle aunque le molesta que a él y a sus amigos les griten palabras agresivas. A diferencia de sus amigos, piensa volver a “Gringolandia”, pues ya no quiere estar aquí. Roberto afirma que él sabe que es raro ver a un indígena ataviado como un punk en este “pueblucho”. Dice que no vive acá por gusto y que ya pronto se va a ir de regreso a los “United”. La razón de que haya regresado radica en que, tras un asesinato en el metro de Nueva York, algunos de sus amigos fueron detenidos por la policía. Al hecho de que son inmigrantes ilegales, mexicanos y jóvenes, se le agrega que son punks, lo que los hace aún más sospechosos.

Roberto escucha las canciones agresivas y confrontadoras de bandas como The Ramones, Sex Pistols y The Clash porque dice que, desde pequeño, siempre detestó la música de las bandas de su pueblo. Aunque no sabe lo que dicen todas las letras porque ni habla ni entiende el inglés, afirma que sí les “capta el mensaje” porque sus amigos de Nueva York se las tradujeron. Avergonzado, acepta dice que siendo adolescente llegó a escuchar al TRI (el grupo de rock callejero más famoso de México) pero que después ya no le gustó.

Roberto asegura que otra de las razones que lo identifican con el punk, aunque él sea indígena mexicano, es que los que escuchan esta música son “anarquistas”, por lo que él se declara abiertamente anarquista. Este joven ni idea tiene de los orígenes griegos de esta palabra y si le preguntas si conoce los enunciados de Max Stirner, Bakunin, Proudhon y Kropotkin, los teóricos más reconocidos de la lucha violenta contra la autoridad, abre mucho sus ojos y acepta que quizá alguna vez se los mencionaron pero que no se acuerda. Lo que él sí sabe es que odia al gobierno porque oprime a los jóvenes, porque deja que unos tengan mucho más que otros y porque permite que los mexicanos estén solos y sufran tanto allá en los Estados Unidos. Acepta también, aunque en voz baja, que así como no cree en el gobierno tampoco cree en dios, y menos va a la Iglesia, donde hay “puro cura aprovechado” (abusivo).

Roberto acepta que se volvió punk casi por casualidad, cuando uno de los chicos de su trabajo en Nueva York le enseñó la música. A él le gustó eso de vestirse de negro con tantos adornos y admite que le agrada que lo volteen a ver, aunque sea sólo por su atuendo. Cuando se regresó a México decidió mantener su imagen y se dio cuenta de que otros chicos que también habían estado en Estados Unidos y que ahora vivían aquí, en Tlapa, simpatizaban con él. En su grupo de amigos no es el único punk pero es el más amigable; también hay rockeros y skatos (seguidores de la música ska), a los que les habla pero con quienes se entiende menos.

Su razón más grande para irse de aquí y alejarse de sus amigos y de su madre es que, en los últimos meses, las peleas entre las pandillas de los barrios se están poniendo muy violentas y a él ya lo tienen identificado. Aunque parezca extraño, en esta minúscula ciudad el número de homicidios, robos y violencia en general ha aumentado crecientemente y se ha asociado con las bandas juveniles. El consumo de alcohol, que ya era alto, ha aumentado, lo mismo que la venta y consumo de marihuana. Además, la cocaína, que, según testifica Roberto, no se veía antes en Tlapa, ha aparecido, sobre todo después de que regresaron varias personas que habían vivido en Nueva York. Roberto dice que él “nomás” (nada más) le entra a la “mota” (marihuana) porque el alcohol no le gusta, pues pone tontas a las personas.

Si se quiere saber más de él, recomienda, “mejor hay que escuchar las letras” de su grupo favorito, los Sex Pistols

tomado de la pág. dph sin fines de lucro. link:

http://base.d-p-h.info/es/fiches/dph/fiche-dph-7136.html

la imagen es utilizada como referente general, no es Roberto. Foto de Federico Gama para el proyecto Mazahuacholoskatopunk. art obtenido de la pag. magazinedigital.com